De cómo idear la manera de reducir la cifra de 11.000 atropellos al año

Lograr la instalación de señales que impidan los atropellos a la salida de los garajes, poniendo el acento en la protección de la seguridad vial de los menores, ha sido uno de los retos que nos hemos planteado desde Tráfico y Tránsito. Para ello, nos hemos apoyado en la opinión de los expertos y también en todos aquellos que nos estáis dando vuestro respaldo, en forma de firma, a través de la plataforma Change.org (Implantación de señal de peligro para evitar atropellos de niños en las salidas de garaje).

Emprender esta campaña nos ha permitido acercarnos a la manera que algunas marcas, es el caso de Volvo, se alían con la tecnología para combatir los accidentes de tráfico en forma de atropello. La firma ha incorporado un sistema de frenado (Full Auto Brake and Pedestrian Detection) capaz de detectar la presencia de peatones y evitar atropellarlos deteniendo el vehículo.

Pero, ¿qué otros avances existen para reducir el riesgo de atropellos?

Uno de los más recientes, llamativos y mediáticos, está por ver su efectividad y si sale adelante, llegó de la mano de Google. El gigante de la red ha patentado una solución con la que proteger a los peatones del peligro de ser atropellados por sus coches autónomos. La propuesta ha resultado, cuando menos, llamativa.

El diseño consiste en una capa adhesiva situada en el capó delantero del coche de modo que el accidentado se adhiera al vehículo. De esta forma se pretende evitar que salga despedido contra el pavimento, otro vehículo o el mobiliario urbano, hasta que el conductor o el vehículo autónomo reaccione y frene.

En lo que respecta a otras marcas, algunas han dotado a sus coches de dispositivos que al accionarse en el impacto elevan el capó unos centímetros proporcionando un cojín entre la superficie del mismo y el bloque motor para amortiguar el golpe. También se da el caso de parabrisas sobre los que se despliegan bolsas de aire cuando se produce la colisión de modo que se evitan ciertas lesiones en el accidente o el de cámaras frontales que captan obstáculos, avisan al conductor y accionan un frenado autónomo de emergencia.

Si recurrimos a datos de la Dirección General de Tráfico, cada año en España se producen unos 11.000 atropellos. La mayoría de ellos en zonas urbanas e interurbanas. En 2014, según estadísticas de la DGT, se registraron 336 peatones fallecidos. Una cifra, evitable, que no debemos pasar por alto. Es por esto que cualquier iniciativa que se desarrolle con el fin de frenar esta clase de accidentes de tráfico es más que bienvenida.

seguridad vial infantil atropellos

La formación en seguridad vial infantil, clave para prevenir atropellos

La formación en educación vial de los menores es esencial. En Tráfico y Tránsito nos preocupamos y trabajamos por la planificación de entornos escolares seguros; así como también apoyamos cualquier propuesta formativa y de organización, por parte de organismos privados y públicos, que vele por la seguridad vial infantil.

También la concienciación de los jóvenes y adultos debe preocuparnos. El número de atropellos como consecuencia de las distracciones motivadas por smartphones o dispositivos de música es algo contra lo que se puede combatir.

Las conductas distraídas de los peatones están alimentado el desarrollo de otras propuestas que incorporar a las ciudades con el fin de luchar contra este tipo de accidentes. Es el caso de los pasos de cebra inteligentes, ya hablamos de ellos en un artículo anterior, o de aquellos que se iluminan con luces LED para llamar la atención de los viandantes, como sucede con los semáforos con los que se ha experimentado en la ciudad alemana de Augsburgo para reducir la cantidad de peatones arrollados sobre el pavimento o en los pasos de tranvías.

Como decimos, toda iniciativa que ponga freno al preocupante número de atropellos, desde TYT la aplaudimos. Pues, se pongan o no en marcha, fomentarán el desarrollo de ideas y tecnologías cada vez más avanzadas y efectivas. Ya se hizo con los coches, al mejorar sus diseños de manera que fueran más ergonómicos y, en caso de accidente, lo menos lesivos posible.