Cuando los anuncios de coches no vendían seguridad vial

Anuncio de coches con Steve McQueen

Ford innovó al hacer que Steve McQueen protagonizara un anuncio después de muerto. La velocidad vendía.

La seguridad vial y el mundo del motor son fuente de inspiración y creatividad para las agencias de publicidad. Pero, además, como sucede con otros sectores, son el álbum de fotos en el que se refleja la sociedad del momento, unas veces realista, otras estereotipada, pero, de una forma u otra, conectada a la realidad en la que se contextualiza.

En este artículo no nos detendremos tanto en la manera en que la publicidad ha puesto el foco sobre la seguridad vial como materia sobre la que concienciar y sensibilizar. Sí en esos anuncios de coches que hoy se presentan muy alejados de nuestro presente, bien porque incumplen con el concepto de educación y seguridad vial que manejamos hoy, bien porque retratan una realidad en la que los protagonistas han cambiado o muestran una concepción del motor que, por conciencia o porque han de ajustarse a las reglas del juego, trata de transmitir otros ideales e inquietudes.

Velocidad, riesgo, aventura, destreza al volante

Quemar el asfalto, sortear con precisión obstáculos, arriesgarse… Estas eran las ideas que vendían los anuncios de coches cuando estos pasaron de ser un mero medio de transporte al que no todos accedían para convertirse en objeto de deseo. La primera campaña de seguridad vial de la DGT se realizó en 1964 y llevaba por título ‘Primero mirar, después cruzar’. Tan inocente era la campaña que un dibujo de animación era el protagonista.

Años después, el parque móvil creció avivado por el interés por comprar el mejor coche, el más potente, el que tuviera más prestaciones, el que resultara “más molón”. Y es en ese momento cuando las agencias de publicidad empezaron a apostar por escenas que hoy chocarían de frente con nuestras normas de seguridad vial. Aquí algunos ejemplos:

En 1986 Audi nos mostró un modelo diseñado para hacer verdaderas proezas sobre el terreno más complejo. Se trataba del modelo Audi 100 Quattro, ‘capaz’ de ascender por un trampolín de esquí, con 80% de desnivel a manos, eso sí, del piloto Harald Demuth. Como para que a algún intrépido se le ocurriera emular la proeza.

Otro piloto, esta vez Michael Schumacher, llevaba al límite la conducción a bordo de un Mercedes SLS AMG:

En 1997 Ford salió en la pequeña pantalla con un anuncio muy innovador para la época, por lo que significaba ‘resucitar’ a Steve McQueen, fallecido casi 20 años antes, con el objeto de ponerle al volante de su Ford Puma. Bajar una pendiente en plena ciudad y a toda velocidad como si de ‘La gran evasión’ se tratara era garantía de que ese coche, correr, corría.

Para velocidad, la del Peugeot 205 GTi en este anuncio francés en el que demostraban que cuatro ruedas podían más que un bombardero:

O la del Peugeot 208 GTi en este remake reciente por su 30 aniversario que se supera a sí mismo y ‘su’ bombardero. Y eso que ahora los publicistas pisan el freno a la hora de subrayar la potencia como la gran cualidad de los vehículos que promocionan.

No es de extrañar que tras tanto derroche de adrenalina y un buen número de vidas sacrificadas sobre el asfalto, las campañas de la DGT se pusieran a trabajar con dureza en la forma de concienciar a conductores, pasajeros y peatones de los riesgos de la carretera. Tanto que fue a principios de los 90 cuando la Dirección General de Tráfico impactó al público con sus campañas más difíciles de digerir. La campaña ‘Las imprudencias se pagan’, de 1992, entre ellas.

Ellos, el ojito derecho del asfalto

Fuerza, carácter, riesgo, competitividad eran cualidades que antes se atribuían de manera explícita al género masculino. Hoy, un anuncio que aplauda al hombre como un súper héroe capaz de capear el mayor de los peligros, adherirse a las curvas más pronunciadas, revolucionar el motor por una caída de pestañas y ser valedor de la consideración de que hay ciertos vehículos que son solo cosa de hombres… es probable que acabe pasando por la gran pantalla con más crítica que gloria.

Solo ellos son capaces de conducir así cuando una chica entra en juego, parecía decir el anuncio con el que se publicitaba el modelo Corola de Toyota. Claro, entonces no había cámaras que, después, denunciaran esta forma de cortejo en los informativos con el importe de la multa como dato añadido:

Por muy fabuloso que fuera el spot, seguro que hoy lo de fantasear con una comitiva de ciclistas en biquini tampoco pasaría felizmente desapercibido. Hablamos del anuncio del Renault Megane GT. ¡Ojo! De 2007.

Quedémonos con esta foto fija. Más conservadora, eran otros tiempos, pero que retrata cómo las agencias de publicidad adjudicaban los roles no solo para las marcas de coches, también para las campañas de seguridad vial. En aquellos años parecía asumido que ellos conducían mientras ellas… esperaban.

Campañas de publicidad y anuncios de coches seguridad vial

Cartel para campaña de seguridad vial

Vale. ‘Equilibremos’ la balanza aunque sea un poquito. En 1994 Peugeot 106 Kid quiso incluir al género femenino entre sus espectadores. Y lo hizo con un Mark Vanderloo de torso al descubierto que, eso sí, hoy podrían no valerle sus encantos para librarse de la  sanción pertinente por conducir sin camiseta.

Ancha es Castilla. No hay camino que se resista a mi todoterreno

Puestos a ahondar en los terrenos ahora pantanosos de los anuncios de coches… puede ser que tampoco en los años que vivimos se pasaran por alto las campañas promocionales en las que aparecieran imparables todoterrenos capaces de penetrar en los caminos más vírgenes o salvajes, por muy protegidos que estos estuvieran. Y es que conducir por la vida sin mirar por dónde pisas puede que siga vendiendo, pero no da buena imagen.

¿Se acuerdan de aquel octogenario que a finales de los 90 preguntaba: “¿Y el Madrid qué, otra vez campeón de Europa?”? Pues hasta él llegaba un tipo al volante de su Mitsubishi Montero con ganas de aventura por el menos transitado y asfaltado camino de la España más deshabitada y profunda. Lo que no podemos asegurar es si en su ‘trotar’ hizo por sortear especies protegidas de nuestra flora y fauna.

Tampoco hoy podrían anunciarse aquellos coches pensados para las grandes familias en los que, sin orden ni concierto, cabía desde un pájaro suelto por el habitáculo hasta el perro, pasando por el maxi oso de peluche, el colchón de la abuela y cualquier otro artículo que permitiera completar un tetris en el que, por supuesto, no había sitio para el cinturón de seguridad, al menos para los miembros más pequeños de una familia numerosa de las de antes.

Allá por 1984 se viajaba como en el Toyota Van Commercial de este vídeo. No intenten probarlo en casa por su seguridad y porque, no, no podrán recorrer muchos metros sin que alguien les dé el alto.

En esta lista que, les aseguro, podría ser interminable, no podría faltar el spot con el que se promocionaba el Renault 5 Saga. Se trataba de un modelo hecho para todos, incluido el conductor novato que, por su condición de L, era de los pocos que hacían uso del cinturón de seguridad.

Pero, terminemos esta lista con otro anuncio mítico. Y no porque su planteamiento le permitiera salir airoso en una sociedad en la que la seguridad vial es un asunto para tomarse en serio; sino porque su mensaje puede estar cerca de la extinción. Se trata de aquel spot que en 2001 sacó BMW. El placer de ponerse al volante se materializada a través de un brazo que jugaba con el viento mientras se dejaba en el aire la pregunta “¿Te gusta conducir?” Cuando vemos la manera en la que los coches autónomos calientan motores, nos planteamos cuánto tiempo quedará para que este interrogante pase a la historia.