La reducción de desplazamientos por COVID-19 descontamina el aire mundial

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Parking vacío de coches. Foto Pixabay

Dicen que no hay mal que por bien no venga y, aunque es un frase que no termina de convencer para quien padece, sí resulta un alivio pensar que de cada situación negativa se desencadenará un efecto positivo. El coronavirus es ya la causa que más víctimas ha producido desde la Segunda Guerra Mundial, una epidemia devastadora que está matando diariamente cientos de personas en todo el mundo y que mantiene a más del 40% del planeta bajo encierro.

No obstante, el aislamiento, que está desquiciando a la mitad de la humanidad, está siendo muy provechoso para el medio ambiente. Resulta que el planeta –y por ende nosotros– será el gran beneficiado de toda esta catástrofe epidémica, pues los datos apuntan a una reducción considerable en el nivel de contaminación del aire por la disminución de desplazamientos.

Hasta un 35% había conseguido reducir Madrid la polución en el aire de la capital tan sólo en la primera semana lo que, actualmente y tras más de 20 días de confinamiento, se traduce en un 65% en la Comunidad Autónoma y más de un 80% a nivel del resto de ciudades españolas.

Esto se debe en gran medida a la caída sin precedentes de desplazamientos en vehículos a motor. Es una regla matemática, a menor número de coches en la carretera, menor contaminación atmosférica. Pero, no sólo hablamos de un aumento en la calidad del aire, sino también de la limpieza en las aguas y cielos más claros.

Está demostrado que cuando el ser humano y sus motores contaminantes paran, la naturaleza recupera su espacio y su equilibrio, de esta manera los peces vuelven a nadar por unas aguas ahora cristalinas en los canales de Venecia, las ocas corren por los puentes de Andalucía y los jabalíes salen a caminar por Barcelona.

Efectos positivos a nivel europeo y mundial

Si hablamos de Europa, y analizando el descenso de la concentración de dióxido de nitrógeno, los valores del continente se sitúan entre un 30% y un 40% menos. Si bien es cierto que en ciudades con altos niveles de contaminación harían falta meses para limpiar por completo la atmósfera, la reducción de tráfico está directamente relacionada con el aumento de calidad del aire.

Y a nivel mundial, las emisiones de CO2 han disminuido en torno a un 6%. Los satélites confirman que el confinamiento está reduciendo la polución de la Tierra, por ejemplo, sólo en China tras dos meses de aislamiento se redujeron en un 25% las emisiones de carbono y, sin duda, cualquier beneficio para el medioambiente tiene consecuencias positivas para nosotros.

Ya lo pronosticaba el economista de recursos ambientales de la Universidad de Stanford Marshall Burke, quien explicó que el confinamiento de China –cuando aún el virus no había tenido un alcance mundial– probablemente salvaría más vidas de las que quitaría el virus, “las vidas salvadas por la reducción de la polución en el aire superarán las muertes por COVID-19 en el país”.

Tras dos meses en los que había disminuido considerablemente el nivel de CO2 en el ambiente, emitido por los coches, Burke calculaba que se habrían conseguido salvar a 4.000 niños menores de 5 años y 73.000 adultos mayores de 70 en China.